¿Hacia dónde va la Web?

Escrito por Rita —  marzo 4, 2014

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Pedirle a tu móvil que te organice la agenda y luego enfundarte en tu avatar y dar un paseo por una ciudad desconocida en 3D… ¿Qué nos depara el futuro de la web?

Ya vivimos en un mundo donde conectarse a Internet es casi tan fácil como encender la luz, pero parece que la Web puede llegar aún más lejos y ser realmente omnipresente: desde estar en las ventanas (para que se cierren solas si detectan que va a llover) o en el cristal del cuarto de baño (que se desempañará solo y ajustará el nivel de luz para que puedas asearte más cómodamente), hasta guiar el coche, insertarse en la ropa o hasta en la cama… Incluso, desde hace algún tiempo, la radio, la televisión y otros sistemas de entretenimiento e información se están fusionando con el mundo online, de modo que pronto será difícil distinguir entre un medio de comunicación y otro.

Todo esto está sirviendo de catalizador para el surgimiento de una nueva era en la breve historia de Internet: una etapa en la que se espera que las máquinas lleguen a entender el contenido igual que las personas y, como también conocerán nuestros gustos y costumbres gracias al big data, filtrarán la información de forma automática personalizando nuestra experiencia online. Es lo que han llamado la Web 3.0.

Qué es la Web 3.0

Imagínate decirle al móvil “Busco unas vacaciones para dos en el Caribe en enero por menos de 3.000 euros” y el dispositivo encontrando el mejor paquete de hotel más vuelo, con ofertas adicionales de excursiones y restaurantes en la zona de alojamiento.

Pues ahí es donde piensan los expertos de Internet que vamos. Aunque todavía es demasiado pronto para predecir lo que puede llegar a pasar, muchos piensan que la web se convertirá en una especie de asistente personal que nos conocerá al dedillo y tendrá acceso a toda la información online para resolver nuestras dudas.

Por ejemplo, imagínate que te apetece ir a cenar a un restaurante japonés y luego ir al cine a ver una comedia. Hoy día tienes que pensar a qué cine vas a ir, mirar la cartelera, comprobar los horarios de la película que más te guste y luego buscar los restaurantes que quedan cerca, descartar los que no tienen recomendaciones y llamar al escogido para hacer la reserva. El proceso puede llevarte tanto tiempo que al final no llegues a la sesión que querías ver…

En el futuro, podrías pedirle al dispositivo que te encuentre un restaurante japonés y una comedia de estreno y dejar que la web se encargue de los detalles: por búsquedas anteriores, sabría quiénes son tus actores favoritos y cuál es tu presupuesto habitual para una cena, además de conocer tu localización, así que analizaría, seleccionaría y te presentaría los datos más relevantes de tal manera que pudieras comparar las mejores opciones en muy poco tiempo.

En estos momentos los buscadores realmente no entienden lo que buscan, simplemente se fijan en palabras clave. Por eso, si buscas “Apolo” los resultados muestran una mezcla de webs que tienen que ver con el dios griego, la odisea en el espacio y salas de fiesta y teatros… Aunque los algoritmos de los buscadores son cada vez más sofisticados, de momento aún no pueden distinguir las páginas que son realmente relevantes según el contexto.

Un motor de búsqueda del futuro, por el contrario, sabrá interpretar que acabas de buscar cena y película, por lo que seguramente con “Apolo” estás buscando un sitio para salir, de modo que filtrará los resultados apropiados y hasta te sugerirá discotecas alternativas o bares cercanos a la sala. Trataría todo Internet como una enorme base de datos disponible para solucionar cualquier pregunta.

Esta visión de la web, en la que las máquinas pueden comprender y procesar como los humanos todos los datos que flotan por el ciberespacio, se ha llamado Web 3.0. El concepto apareció en 2001, cuando Sir Timothy “Tim” Berners-Lee, un científico de la computación conocido por ser el padre de la Web, lo usó en un artículo en la revista Scientific American en la que sugería que algún día los “agentes” de software realizarían tareas online que a menudo nos llevan demasiado trabajo o nos cuesta hacer solos.

Mientras que la web actual usa Internet para conectar a la gente, la web 3.0 conectará a la gente con la información. Hay expertos que dicen que la web 3.0 sustituirá a la web 2.0, otros que opinan que ambas existirán como redes separadas y aun los que dicen que la noción misma no es más que una palabra de moda que solo existe para la gente de marketing. Pero no cabe duda de que la web ha crecido mucho en pocos años y su evolución es imparable.

Los ciclos de la web

1994-2004 — Web 1.0: la web estática

Cuando la web nació en los años 90 era como una biblioteca: uno podía consultar información pero no modificarla. Se trataba de una web estática. Lo importante en esos momentos era sentar las bases de Internet y afianzarlas, haciendo que fuera accesible. Por eso, los principales campos de interés fueron los protocolos como HTTP, los lenguajes de marcas como HTML y XML, el acceso a Internet, los primeros navegadores, plataformas y herramientas de desarrollo web, lenguajes web específicos como Java y Javascript y la creación y comercialización de los portales y páginas web.

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1994: Así se veía el portal Yahoo.com en sus inicios.

Ahora, con la perspectiva que nos dan los años, esta primera generación de la web centrada en el desarrollo del back-end o infraestructura se ha llamado Web 1.0. Pero, en tan solo una década, el interés pasó al front-end (la parte visible al usuario) y la era de la Web 2.0 se dio por comenzada.

2004-¿2014? — Web 2.0: la web móvil social

El término “web 2.0” fue acuñado en 2003 por Dale Dougherty, vicepresidente de O’Reilly Media para referirse a servicios como redes sociales, herramientas de comunicación y folksonomías (sitios como del.icio.us, Flickr o 43 Things donde se hace indexación social por medio de etiquetas) que ponen en valor la colaboración y la compartición entre los usuarios.

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Aunque la palabra se puso de moda en 2004 y se ha usado por todas partes, si les pedimos a diez personas que nos definan lo que significa “web 2.0”, obtendremos diez definiciones distintas. Y es que, además de otros temas significativos que han ido aparecido (como las nuevas maneras de obtener información, como los feeds RSS, o técnicas de desarrollo web como AJAX), una de las tendencias clave que han marcado la web 2.0 ha sido el surgimiento del Internet móvil: los dispositivos móviles han sido una de las plataformas más importantes para la adopción y el crecimiento de la web.

En cualquier caso, la mayoría está de acuerdo en que la web 2.0 se caracteriza por ser una red interactiva y altamente social que se basa en la colaboración de los usuarios. Y, pese a que las prácticas e innovaciones en este sentido continuarán, este no es ni mucho menos el punto final de la evolución de la web.

¿2014-2024? — Web 3.0: la web inteligente

Es probable que la primera vez que oigamos hablar sobre la web 3.0 sea por medio del marketing: a medida que el poder de atracción del “2.0” pierda fuelle, seguro que empiezan a aparecer webs reivindicando ser “3.0”…

Pero, dejando a salvo el marketing y sus palabrejas, muchos expertos creen que la web del futuro está a la vuelta de la esquina: si se tardó unos diez años en pasar de la web original a la web de segunda generación, la lógica dice que se tardará más o menos lo mismo en dar el siguiente gran salto que remodele Internet. Y si la web 2.0 se generalizó en 2004, en cualquier momento podríamos zambullirnos en la web 3.0.

Ya usamos las páginas web como plataformas para otras aplicaciones. Creamos mashups (aplicaciones web híbridas que combinan datos y funcionalidad de varias fuentes) y experimentamos con nuevas maneras de conseguir una web más interactiva. Realmente, pues, parece que estamos con un pie fuera del segundo ciclo y otro dentro del tercero.

Cómo funcionará la web 3.0

Supuestamente, la web 3.0 englobará la tercera generación de servicios online, que se centrarán en conseguir que las máquinas comprendan la información para que puedan ofrecernos una experiencia más productiva. Pero ¿cómo?

El siguiente ciclo web va a ser impulsado gracias a la confluencia de varias tendencias tecnológicas que se refuerzan las unas a las otras y que están a punto de llegar a la madurez más o menos al mismo tiempo:

Conexión universal: la expansión de la fibra óptica, la banda ancha, los dispositivos móviles y proyectos como Google Loon conseguirá dentro de poco que todo el mundo esté conectado a Internet.
Computación en red: los modelos SaaS, la interoperabilidad de los servicios web y los sistemas distribuidos (las redes P2P, la informática en malla…) han creado una gran red que no depende de un único proveedor, lo que la hace mucho más potente.
Tecnología de código abierto: la explosión de las API (interfaces de programación de aplicaciones que permiten que los programadores creen aplicaciones que aprovechan ciertos recursos: una API de Facebook, por ejemplo, hace posible que un desarrollador cree juegos que usen Facebook como base), los protocolos, las plataformas, los formatos y los datos abiertos en general (Creative Commons, Open Data License, etc.) hacen posible que cada vez se cree más y mejor tecnología.
Identidad abierta: la reputación online es cada vez más importante, al igual que el estándar de identificación digital descentralizado OpenID, que hace posible que los usuarios no tengan que crear una cuenta de usuario para obtener acceso a las webs conectadas al servicio.
Web semántica: hace un tiempo se hablaba de crear ontologías (un tipo de diccionario o esquema conceptual que permite a las máquinas entender las palabras y sus relaciones entre ellas) o usar etiquetas para categorizar todo el contenido almacenado en Internet. Pero obviamente esto requeriría un gran esfuerzo y coordinación por parte de todo el mundo. Por eso muchos investigadores han optado por hacer los agentes de software más inteligentes, en lugar de hacer las páginas más fáciles de leer: es el caso, por ejemplo, de BlueOrganizer, un plugin que puede entender de lo que trata una web y encontrar información relacionada (ej.: si estás viendo un blog sobre películas y clicas en un artículo sobre una en particular, te enlaza automáticamente con webs donde puedes ver o comprar la peli). De hecho, ya hay cantidad de aplicaciones de inteligencia artificial que se basan en el procesamiento del lenguaje natural, los microformatos, la extracción de datos, el aprendizaje de las máquinas y los agentes de software autónomos.

Más allá de la web 3.0

Aunque no podamos predecir las innovaciones y los cambios de la web del futuro, lo que está claro es que los habrá. Estamos al final del ciclo 2.0 y nadie puede saber a ciencia cierta como será la web 3.0. Eso sí, podemos basarnos en lo que ya está sucediendo para entrever algunas ideas: ya hay muchas grandes empresas, como HP o Yahoo, que están usando estándares de la web semántica y otras tantas, como Google y Microsoft, que se mueven hacia el 3D.

La Web 3D: avatares, realidad virtual e iBeacons

Algunos han hablado sobre la posibilidad de que la web se convierta en un gran mundo tridimensional (la llamada World Wide Virtual Web o Web 3D).

Hay quien piensa que, combinando la realidad virtual con la popularidad de juegos online como World of Warcraft y otros videojuegos multijugador, la web podría llegar a convertirse en un mundo digital (tipo Second Life o There.com) con la ilusión de profundidad. La mayoría, sin embargo, ven la web 3D no como un universo alternativo, sino como una recreación del mundo real. Es decir, que en el futuro podríamos caminar por la web: navegar Internet desde una perspectiva en primera persona o hasta mediante nuestro avatar (una representación digital de ti mismo).

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Aunque el paso no parece tan grande (Google Earth ya ofrece una experiencia bastante similar), la idea de que toda la red se convierta en un solo mundo virtual con edificios, tiendas y otras zonas para explorar y personas con las que interactuar tendría que superar más obstáculos que los posibles problemas tecnológicos: para empezar, todos los sitios web deberían ponerse de acuerdo en ciertos estándares…

Pero, aunque esta noción presenta demasiados obstáculos a estas alturas, no podemos ignorar la idea de una web 3D para la siguiente generación web.

Nuestra vida en la web

En cualquier caso, como hablamos del porvenir, todo está por ver. De lo que no hay dudas, sin embargo, es que todas estas ideas y tendencias levantan muchas preguntas: si Internet registra nuestra actividad y almacena nuestro perfil online, ¿no es posible que alguien pueda acceder a nuestros datos? Por ejemplo, si alguien busca nuestro nombre, ¿podrá acceder a nuestro historial? ¿Qué pasaría si las empresas privadas consiguieran acceder a lo que hacemos y buscamos en Internet? Y si Internet solo nos ofrece lo que sabe que nos gusta ¿no estamos perdiendo nuestra libertad de elección?

Aún no sabemos si la web semántica conseguirá captar el conocimiento humano en un formato lógico y explícito, pero, de ser así ¿dejaremos de pensar por nosotros mismos y solo aceptaremos lo que nos dice la máquina?

Quizás cuando empecemos a plantearnos seriamente las respuestas a estas preguntas, ya sea demasiado tarde para hacer algo al respecto.

Fotografía: MissMessie, Kristina D.C.Raphazze

Rita

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