¿Garantizan las ciudades inteligentes un futuro sostenible?

Escrito por Rita —  abril 1, 2014

ciudades inteligentes población

Con el aumento global de población, la merma de los recursos naturales y las consecuentes migraciones del campo a la ciudad, ¿qué estamos haciendo para encontrar alternativas de futuro sostenibles?

El desarrollo de la Smart City ha pasado a ocupar, en muy poco tiempo, un lugar destacado en la agenda política y social. Sin embargo, la noción de smart city es un concepto que todavía no se ha definido formalmente y del que se están realizando múltiples iniciativas, estudios y aproximaciones en todo el mundo.

Aunque las características exactas de la ciudad inteligente cambian según quién use el término, parece que la mayoría coincide en que la principal es la aplicación del conocimiento tecnológico, en su más amplio sentido, para mejorar la eficacia en la gestión de los servicios urbanos y conseguir así reducir sus costes e impacto ambiental, teóricamente mejorando la calidad de vida de los ciudadanos.

Por ejemplo, colocando sensores en los contenedores de basura se puede saber si están llenos o no y planificar mejor las rutas de recogida de residuos. Como los camiones solo tendrán que ir a recoger los que realmente se tengan que vaciar, se ahorra energía, costes y molestias en el vecindario.

Pese a que el concepto está en plena eclosión, solamente en el último mes ha habido al menos tres grandes acontecimientos internacionales al respecto: el pasado 26 de febrero, Americas Society/Council of Americas presentaba en Washington la jornada Our Cities, Our Future: Making Cities Healthy, Green, and Sustainable. En Uruguay, la Unión Internacional de Telecomunicaciones y la UNESCO han organizado del 11 al 14 de marzo una serie de eventos dedicados al tema general de las “Ciudades inteligentes y sostenibles”. Y, en Madrid, los días 6, 13 y 19 del mismo mes ha tenido lugar el ciclo La ciudad del futuro, coordinado por el Instituto de la Ingeniería de España y la Universidad Politécnica de Madrid.

Esta repentina popularidad no es casual. Ciertamente, los avances en el análisis de datos, los sensores, experimentos urbanos, la conectividad y el desarrollo del Internet de las cosas, junto con el resto de tecnologías emergentes, están haciendo posible llevar a cabo intervenciones urbanas antes impensables. Pero las motivaciones, y, sobre todo, el apremio con que se está abordando el tema, van más allá. Y es que la relevancia social de los entornos urbanos es cada vez mayor.

El siglo de la Ciudad

Un informe del Cercle Tecnològic de Catalunya explica cómo, en las últimas décadas, las ciudades se han convertido en el foco principal de desarrollo socioeconómico ya que la población y la actividad económica se han ido concentrando en los núcleos urbanos. Entre 1950 y 2011, la población urbana creció casi cinco veces y, según las previsiones de Naciones Unidas, en el 2050 el 70-75% de la población mundial vivirá en las ciudades (en Europa alcanzaríamos el 80% en 2020). De hecho, en los países en vías de desarrollo ya se está produciendo una migración masiva de las zonas rurales a las urbanas.

“El mundo está experimentando un período de urbanización extrema. Solo en China, 300 millones de habitantes rurales se trasladarán a zonas urbanas en los próximos 15 años. Para ello será necesario construir una estructura equivalente a la que alberga a toda la población de los Estados Unidos en cuestión de unas pocas décadas.
En el futuro, las ciudades representarán casi el 90% del crecimiento de la población mundial, el 80% de la creación de riqueza, y el 60% del consumo total de energía. El desarrollo de mejores estrategias para la creación de nuevas ciudades, por lo tanto, es un imperativo mundial.”

City Science, MIT Media Lab.

población ciudades regiones 2050 gráfica

Esta concentración de población en los núcleos urbanos está dando mayor peso político y económico a las urbes.

“Si  el siglo XIX fue el siglo de los imperios y el siglo XX el siglo de los Estados nación, el siglo XXI será el siglo de las ciudades”.

Wellington E. Webb, expresidente de la Conferencia de Alcaldes y Alcalde de Denver, en la primera Cumbre Transatlántica de Alcaldes (Lyon, Francia, 6 de abril 2000).

Sin embargo, esta importancia también traslada a las ciudades los grandes retos de sostenibilidad de la sociedad. Pensemos solo en uno de los desafíos que este crecimiento bestial de población urbana pone sobre el tapete: la cuestión de la movilidad.

En este sentido, desafortunadamente no hace falta hablar sobre predicciones. Basta con visitar Pequín para darse cuenta de que el futuro ya está aquí: en enero de este año, los niveles de partículas en suspensión (una medida de la contaminación atmosférica) superaron los 2,5 millones, similar a los de los peores incendios forestales. Pues bien, casi una cuarta parte de estos gases tóxicos es directamente atribuible a las emisiones de carbono procedentes del transporte.

Lo que es más, según un informe de la OCDE (la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en 2050 podría haber 2.500 millones de automóviles en el planeta, la mayoría en las ciudades. Siguiendo con el ejemplo chino, si la cantidad de coches en propiedad en China alcanza los niveles de los Estados Unidos (840 coches por cada 1.000 personas), la demanda de petróleo solamente por parte del gigante asiático superará la producción mundial actual.

Si no hacemos algo pronto, los daños en el medio ambiente serán irreversibles. De ahí el aparente apremio con el que se está abordando el tema de las ciudades inteligentes: cada vez más investigadores y universidades se están dedicando a una nueva rama llamada Ciencias de la Ciudad, que estudia las ciudades de forma científica para proporcionar conocimientos útiles sobre cómo diseñar y planificar urbes más sostenibles. Con todo, las administraciones locales y regionales, en colaboración con las empresas privadas, están llevando el peso de la iniciativa.

pekin contaminacion aire

¿Ciudades inteligentes o solo eficaces?

En la actualidad cada ciudad está enfocando sus iniciativas según su propia idiosincrasia. Algunas, como Madrid y Estocolmo, han centrado sus actuaciones en la seguridad pública y la gestión del tráfico. En San Francisco, el problema del transporte ha sido abordado con el programa piloto SFpark mediante el cual los habitantes pueden usar el móvil para consultar las plazas de parking libres en tiempo real, minimizando así el tiempo de búsqueda de aparcamiento (y reduciendo, por tanto, la generación de CO2).

Barcelona, en cambio, ha optado por una fuerte adopción de las TIC y por el modelo urbano de barrios autosuficientes. En 2012, se inició un proceso de construcción y rehabilitación de edificios basado en la incorporación de cubiertas solares, calefacción conjunta para el barrio, reciclaje del agua y utilización de vehículos eléctricos, de modo que las manzanas de casas sean energéticamente autónomas y más sostenibles.

De hecho, con la voluntad de convertirse en referente de las smart cities, el ayuntamiento de Barcelona ha impulsado un Smart City Campus firmando un convenio con cinco grandes compañías tecnológicas: Telefónica, Abertis, Cisco, Scheneider Electric y Agbar.

En efecto, parece que la ciudad inteligente, por su grado de sofisticación, en estos momentos solo puede desarrollarse mediante la cooperación público-privada. En el Reino Unido, por ejemplo, el marco estratégico de implantación de la Smart City ha sido realizado por la multinacional British Standards Institution mientras que en el conjunto español, el proceso ha sido llevado a cabo por la institución privada AENOR, con gran participación de la empresa vasca IDOM.

Esto ha hecho que la aplicación de las TIC a la gestión urbana se haya convertido en una nueva oportunidad de negocio que ha despertado un gran interés en compañías como IBM, Indra, Cisco o GDF Suez. Ello plantea dudas en lo que respecta a la adecuación democrática de estas iniciativas: en un momento en que a muchos ayuntamientos y gobiernos les falta financiación, ¿quién decidirá el modelo de ciudad? ¿Las compañías están ganando demasiada influencia en la definición de la visión de las ciudades?

Y en cuanto a los datos que se generan (por ejemplo, todo lo que está relacionado con la movilidad y flujos de ciudadanos), ¿quién los controla? ¿Y quién tiene acceso a ellos? Si bien la compartición abierta de datos (llamada open data) debería fortalecer la transparencia de la Administración, también hace posible que puedan ser reaprovechados para generar valor económico (por ejemplo creando servicios).

Pero los retos de la ciudad inteligente van más allá. ¿Cómo se puede desarrollar una ciudad inteligente si todavía hay brechas entre los “nativos” y los “inmigrantes digitales”? En la actualidad existen grandes diferencias entre grupos de población en cuanto al acceso y relación cotidiana con las TIC y la ciudad inteligente con toda probabilidad podría acentuarlas.

Además, ¿qué sentido tiene una ciudad inteligente en un mundo que no lo es? A menos que todas las aglomeraciones urbanas realicen los cambios necesarios de forma coordinada, no servirá de mucho. Y si realmente se consiguiera poner a todo el mundo de acuerdo, ¿qué pasaría con la contaminación electromagnética?

El Proyecto Venus

Parece que la noción de Ciudad Inteligente ha sido secuestrada desde su nacimiento y se ha centrado casi exclusivamente en el desarrollo de las TIC, dejando atrás muchas cuestiones urbanas de vital importancia. Y es que, una ciudad realmente inteligente debería abordar de forma integral la sociología, la gobernanza, la gestión, las infraestructuras y el paisaje urbano.

Por suerte, cada vez hay más iniciativas que proponen planes viables para aliviar muchos de estos problemas sociales. El Proyecto Venus, por ejemplo, es una iniciativa que se basa en el cuidado de las personas y la recuperación del medio ambiente. Se trata de una organización fundada por los estadounidenses Jacque Fresco y Roxanne Meadows cuyo objetivo es acabar con la devastación ambiental y otros problemas sociales globales mediante (1) el diseño técnico de la ciudad, basado en la automatización industrial de la producción, la distribución y el reciclaje; y (2) la aplicación del método científico, la ciencia y la tecnología directamente en el sistema social para lograr el beneficio de todas las personas y del medio ambiente y crear abundancia e igualdad en acceso a los bienes y servicios.

“El Proyecto Venus propone un sistema donde la automatización y la tecnología se integrarían inteligentemente en un diseño socioeconómico holístico, cuya función principal sería la de maximizar la calidad de vida de los ciudadanos en lugar de las ganancias. Este proyecto también introduce un conjunto de valores prácticos y factibles.”

the venus project maqueta

Algunos de los objetivos concretos de este proyecto son:

1. Reconocer los recursos mundiales como patrimonio común de toda la humanidad.
2. Reclamar y restaurar el entorno natural lo mejor que humanamente sea posible.
3. Rediseñar las ciudades, sistemas de transporte, industrias agrícolas y fábricas para que sean energéticamente eficientes, limpias y capaces de cumplir convenientemente con las necesidades de todas las personas.
4. Compartir y aplicar las nuevas tecnologías en beneficio de todas las naciones.
5. Desarrollar y usar fuentes de energía limpia y renovable.
6. Fabricar productos de alta calidad.
7. Exigir estudios de impacto ambiental antes de construir megaproyectos.
8. Preparar a las personas intelectual y emocionalmente para los cambios y retos sociales que se avecinan.

Dicen sus promotores que el Proyecto Venus no es ni utópico ni Orwelliano. Que no refleja los sueños de un par de idealistas poco prácticos, sino que propone objetivos alcanzables que solo requieren de la aplicación inteligente de cosas que ya sabemos y que las únicas limitaciones que existen son las que nos imponemos a nosotros mismos.

Sea como fuere, las ciudades del futuro tienen desesperadamente que entender la urbe como un todo formado por el entorno y las personas que la habitan. Y, para construir las ciudades que el mundo necesita, tenemos que poder elegir libre y democráticamente la tecnología que nos ayude a conseguirlas.

Foto: evStyleearth 2.0.

Rita

Rita

Posts

Translator, content writer and geeky linguist in general. I believe information is a powerful tool.